ALONSO CARRILLO DE ACUÑA (1410-1482)
(Referencias históricas al prelado que dio nombre a esta ciudad)

     El régimen de la sociedad medieval estaba basado en el feudalismo. El feudo era un territorio en el que ejercía el poder y la administración un señor feudal. La propiedad feudal producía rentas a los señores en forma de sisas, pechos, etc. La autoridad real era poco respetada por la nobleza y señorío. Se puede decir que, durante toda la edad media, los reinos cristianos peninsulares no fueron nunca auténticos estados que llegasen a aglutinar, bajo su orden y autoridad, las fuerzas integradas por las diferentes facciones y territorios en que se asentaban. En ningún momento esta autoridad dejó de estar menoscabada y amenazada por estos núcleos atomizadores del poder, cuyos cabecillas y gerifaltes anteponían sus propios y particulares intereses a cualesquiera de carácter político, general y  comunitario. No faltaron épocas durante las que los propios reyes no pasaban de ser meros títeres manejados por la nobleza (familias que de nobles sólo llevaban el adjetivo). A medida que la reconquista cristiana iba ganado territorios a los musulmanes, se iban ampliando los reinos primitivos, restos del estado visigodo, que resistieron al avance invasor islámico:  Reino Astur-Leonés, Castilla, Navarra, Aragón, Cataluña, etc. La consolidación de la presencia cristiana en los territorios reconquistados se llevaba a cabo por el procedimiento de cederlos en régimen señorial a caudillos y guerreros que habían prestado  apoyo mercenario a los ejércitos reales en las luchas y escaramuzas fronterizas. Para asegurar la continuidad de la presencia cristiana, los territorios eran repoblados con gentes traídas de otros lugares, dotándolos de leyes propias (fueros). Los privilegios concedidos y la esperanza de una vida mejor animaban a colonos a emigrar a estas tierras, afrontando incluso el riesgo que suponía la precaria defensa militar con que quedaban. Para garantizar la vinculación política y territorial a los reinos cristianos reconquistadores, se designaban alcaides, señores y adelantados como gobernadores supuestamente vasallos leales a la autoridad real. Las tierras que comprenden lo que hoyes Villacarrillo y sus campiñas, fueron entregadas por Fernando 111 al Arzobispo toledano Rodrigo Ximénez de Rada en régimen de adelantamiento (Cazorla). Desde entonces hasta la abolición del sistema feudal, estas tierras han pertenecido a la Iglesia de Toledo, quedando vinculadas a ella administrativa, política y económicamente, pero no religiosamente.
       Durante el periodo de 1446 a 1482, ostentó la mitra toledana Alonso Carrillo de Acuña, hombre ambicioso que para encontrarse en todo momento en las cúspides del poder, no dudó en alinearse en los bandos que más le convinieron. A él se debe el nombre de nuestra ciudad, que pasó de llamarse Chozas de Mingo Priego a Villa Carrillo, por privilegio concedido, con la influencia del prelado, por Juan II de Castilla. El documento (privilegio de villazgo) está fechado el día 10 de enero de 1450. Anteriormente, en 1449, el Arzobispo Carrillo ya había segregado la Torre de Mingo Priego de la jurisdicción de Iznatoraf. El ascenso administrativo de a villa, debió de reportar al arzobispo mayores rentas y beneficios, ascendiendo de clase en ella a muchos ;aciques y servidores o colocándolos como funcionarios en puestos clave, hechos que contribuían a afianzar el Poder territorial del prelado. Esta segregación le reportó a la nueva villa funestas consecuencias, aunque ante las mismas, jamás le faltó la protección de Carrillo. Bueno es que hagamos un repaso histórico-biográfico sobre el personaje que dio su nombre a esta ciudad.
    Alonso Carrillo de Acuña nació en Cuenca en el año 1410. Descendiente de algunos de los linajes mejor acomodados de Castilla y Portugal. Por línea paterna de los Vázquez de Acuña, de ascendencia portuguesa, y or línea materna de los Carrillo de Abornoz, castellanos. En aquellos tiempos los obispos, cardenales e, incluso, papas, no estaban sujetos a celibato, pero no tengo constancia de algún documento que hable de matrimonio. Parece que Carrillo no se casó; sin embargo no caben dudas acerca de la existencia de, al menos, dos hijos naturales. Tampoco dispongo, por el momento de datos referentes a su juventud y sus estudios, pero, con toda seguridad , debieron ser de lo más privilegiado. Había sido primeramente Obispo de Sigüenza (1436· 1446) Y fue nombrado Arzobispo de Toledo en 1446, ocupando la silla que había dejado vacante un año anteE Gutierre Álvarez de Toledo. Controló durante casi cuarenta años amplios sectores del poder de aquella sociedad castellana, recursivamente escindida en facciones banderiles y convulsionada por constantes intrigas y guerras civiles.

ARBOL GENEALÓGICO DEL ARZOBISPO

      Durante el reinado de Juan II  hizo todo lo que pudo por promover la cruzada contra el reino nazarí de Granada (1432). En esta época se preocupó, sobre todo, de ir afianzando su poder. Consiguió acceder a la mitra toledana, una de las más codiciadas de Castilla, ya partir de este momento, hacerse con el control político y económico de todos los territorios y señoríos dependientes de este arzobispado. Hernando del Pulgar en su obra Claros varones de Castilla lo describe así:

« ... Era ome belicoso e siguiendo esta su condición plaziale tener continuamente gente de armas e andar en guerras e juramentos de gentes ... gastando mucho y deseando gastar mas, murió D. Alonso Carrillo pobre y Endeudado ... »

      Para hacerse una idea de hasta que punto llegaba la infantil tosquedad y ambición de este hombre hemos de decir que entró en relaciones con los alquimistas de la época, que se hallaban ocupados en la búsqueda de la piedra filosofal; un hipotético y prodigioso talismán que podría hacer transmutar los metales viles en oro. En estos empeños llego a dispendiar una buena parte de su fortuna'. Relata de él Alonso de Palencia en sus Crónicas de Enrique IV:

« ... fue de los acuciados parla sed del oro, que trabajaron sin descanso en el descubrimiento de la piedra filosofal y en la falsa empresa iba disipando gran parte de sus cuantiosas rentas ... »

      Entre los años 1455 y 1457 consiguió de Enrique IV el favor de la explotación de unas minas de alumbre en Olivedo. Tuvo suerte por poco tiempo, pues más tarde las relaciones con el rey no fueron ya buenas en ningún momento.
(1) El arzobispo de Toledo don Alonso Carrillo, procuró e hizo grandes gastos y excesivos en hacerse alquimista, y daba grandes sueldos a los que lo entendían. A fama de esto vino a él un hombre no conocido, y, assentándole partido en su casa para buscar ciertas hierbas y otras cosas necesarias, diole copia de dineros y buena mula en que fuese a lo buscar y traer». Texto extraído por José Fradejas Lebrero.

      En 1454 subió al Trono Enrique IV, hijo y sucesor de Juan II. De todos es bien conocida la triste historia de estos últimos monarcas de la casa de Trastámara. A partir de este momento el ascenso del arzobispo en su carrera política fue meteórico. Durante las ausencias del rey quedó en muchas ocasiones al frente del gobierno.
     A principios de 1462 nació La Beltraneja, apodada así por serie atribuida su paternidad a D. Beltrán de la Cueva, natural de Úbeda y, por tanto, de estos lugares que tan familiares nos resultan. Dice Towsend Miller que después de la pública ejecución de D. Álvaro de Luna, el poder en Castilla había quedado en manos de tres personajes: Juan Pacheco, Marqués de Villena, Alol1so Carrillo, Arzobispo de Toledo y Primado de España y Beltrán de la Cueva, Conde de Ledesma. Estos tres hombres eran a cual más ambicioso. En cuanto al segundo, que es por quien nos interesamos en este artículo, veamos la descripción que hace este historiador de nuestro personaje:

«El Arzobispo de Toledo, Alonso Carrillo, tío de Villena y el otro poder principal del reino, era tan tajante como Villena artero. Mejor dotado para las armas que para la Iglesia, nada le complacía más que la sangre y el combate. En las grandes luchas que se avecinan veremos a este vicario de Cristo cargando fieramente en medio de la matanza, con la espada centelleante y su famosa capa escarlata, con una cruz blanca ondeando tras él. Era violento, vanidoso, tosco y vengativo. Pero Carrillo no es solamente el perfecto ejemplo de lo que no debe ser un sacerdote, sino que se nos muestra como un caso clínico de mentalidad infantil. Cuando las cosas no marchaban a su gusto prorrumpía en jactanciosas bravatas o se retiraba enfurruñado. ¿Qué pudo haber visto el rey en este truculento perdonavidas? Forzoso es llegar a la conclusión de que era simplemente el poder del arzobispo lo que hacía que la gente lo soportase. Pues es innegable que tenía poder, y en abundancia. No sólo era Primado de España, sino también Canciller de Castilla. Sus rentas eran muy superiores a las de la Corona; sus feudos incluían quince populosas ciudades, y tenía más vasallos que cualquier otro habitante del reino.
Poder; esto es lo que importaba en aquel mundo de fieras carniceras. Villena y Carrillo habrían hecho cualquier cosa por alcanzarlo y re­tenerlo una vez alcanzado.». "Cast/es and the Crown"(Resumen: Isabel la Católica).

      Las cada vez más fuertes desavenencias con Enrique IV y la rivalidad del Arzobispo con D. Beltrán de la Cueva, Conde de Ledesma, hicieron a Carrillo jefe de la Liga Nobiliaria, cuya alianza con Juan 1I de Aragón terminó en guerra civil. Los desproporcionados gastos que ocasionaron las acciones militares contra el reino nazarí de Granada, unidos a los manifiestos errores políticos y estratégicos del monarca, causaron la esquilmación económica de la nobleza y, por tanto, su creciente descontento. El juramento de fidelidad a la Beltraneja, a que los obligó Enrique, no fue acogido con mucho agrado por los nobles y pronto renegaron del mismo. La confirmación de la supuesta hija del rey como heredera concentraría casi todo el poder político en Don Beltrán, a quien se atribuía la paternidad verdadera. Dicen que cuando nació la niña, en 1462 Carrillo la sostuvo en sus brazos acunándola cariñosamente, pero esto ya era otra cosa a la que no se encontraban dispuestos Villena y  el arzobispo. Los grandes desaciertos políticos del rey, que no debían ser otros que los mismos de su valido y consejero El Conde de Ledesma, sirvieron de justificación para la sedición. Los nobles se reunieron en Burgos planeando el derrocamiento del rey. Desde allí enviaron a éste, por medio de la famosa "Representación de Burgos" un ultimátum contundente, exigiéndole arrepentirse de sus "abominables pecados" ... "la opresión de vuestra real persona por el poder del conde de Ledesma", y contra su disparatada pretensión de legitimidad de la Beltraneja: "a vuestra alteza es bien manifiesto que ella non es hija de vuestra señoría". Asustado Enrique IV accedió y juró en Cabezón, aceptando los términos de la exigencia. El rey, aunque un ser débil y poco dotado para gobernar, tampoco debió tener un pelo de tonto y bien pronto se olvidó del juramento, lo que dio lugar a una penosa enemistad que terminó en el suceso conocido como "Farsa de Ávila". La nobleza insurgente se preparó para una encarnizada lucha. Enrique envió un mensaje al arzobispo tratando de contenerlo y recordándole pasados favores, al que Carrillo contestó:

«Id é decid a vuestro rey que estoy harto de él y de sus cosas é que agora se verá quien es el verdadero rey de Castilla»

       El 5 de junio de 1465, los rebeldes se reunieron al mando del arzobispo en Ávila, fuera del recinto amurallado, dispuestos a destronar, aunque fuese simbólicamente, al pusilánime y vulnerable rey. Se construyó un muñeco que simbolizaba su persona real y fue públicamente afrentado y denigrado, proclamando nuevo rey . al infante D. Alfonso, hijo de Juan II  y de su segunda esposa, por tanto, su hermano de padre. El Arzobispo se encargó personalmente de arrebatarle con furia la corona.
      El cronista de la época Enríquez del Castillo nos ha transmitido un relato espléndido de la deposición simbólica de Enrique IV:

« ... mandaron hacer un cadahalso ... en un gran llano, y encima del cadahalso pusieron una estatua asentada en una silla, que descian representar a la persona del Rey, la cual estaba cubierta de luto. Tenía en la cabeza una corona, y un estoque delante de si, y estaba con un bastón en la mano. E así puesta en el campo, salieron todos aquestos ya nombrados acompañando al Príncipe DonAlonso hasta el cadahalso ...
y entonces ... mandaron leer una carta mas llena de vanidad que de cosas sustanciales, en que señalada mente acusaban al Rey de quatro cosas:
Que por la primera, merescia perder la dignidad Real; y entonces llegó Don Alonso Carrillo, Arzobispo de Toledo, e le quitó la corona de la cabeza. Por la segunda que merescia perder la administración de la justicia; así llegó Don Álvaro de Zúñiga, Conde de Plasencia, e le quitó el estoque que tenía delante. Por la tercera, que merescia perder la gobernación del Reyno; e así llegó Don Rodrigo Pimentel, Conde de Benavente, e le quitó el bastón que tenía en la mano. Por la quarta, que merescia perder el trono e asentamiento de Rey; e así llegó Don Diego López de Zúñiga, e derribó la estatua de la silla en que estaba, diciendo palabras furiosas e deshonestas ... ». (Crónicas de Enrique IV
)

     Los rebeldes reunieron un poderoso ejército. Villena ensayó una estratagema ofreciendo al rey legítimo pasarse a sus filas, pero exigía la mano de la princesa Isabel, la futura reina católica, para su hermano Pedro Girón. La suerte o, ¿quién sabe?, favoreció ésta. Pedro Girón dispuesto a raptarla, murió en el camino a la altura de Villarrubia. La batalla decisiva tuvo lugar en las proximidades de Medina del Campo. El Arzobispo se destacó en el combate, una lanza lo hirió en el brazo izquierdo, pero no por ello se asustó dejando de lanzar cuchilladas a diestro y siniestro. No puede decirse con precisión quienes fueron los vencedores, el caso es que Enrique pudo retirarse a Medina del Campo y Castilla pasó a tener dos reyes. Segovia se perdió a favor de los rebeldes. Poco más tarde el que no había de reinar legítimamente con el nombre de Alfonso XII moriría. Quedaron serias sospechas de que pudo haber sido envenenado.
     Carrillo pasó por etapas de alternancia entre la fidelidad y la rivalidad hacia la princesa Isabel, nombrada en Guisando heredera, en lugar de la Beltraneja, lo que equivalía al reconocimiento tácito del adulterio de la esposa de Enrique, Juana de Portugal. El rey accedió a la abdicación a favor de su medio hermana, pero haciéndole adquirir el compromiso de que no se casaría sin su permiso. Efectivamente, y a pesar de haber pasado a la historia como un monarca débil e incompetente, tampoco debió carecer de astucia y ambición, pues para asegurarse su control sobre la corona de Castilla, él pensaba casarla con Juan de Portugal. Esto tampoco debió de gustar al Arzobispo. Por lo tanto, medió activamente en las negociaciones matrimoniales de Isabel con el príncipe aragonés y puso sus mejores empeños e influencias en ello.
     La lucha por hacerse con el control del poder eclesiástico no fue menos importante. Es sabida la rivalidad de Carrillo con el Cardenal Mendoza y cuando Cisneros fue a Roma a suplicarle al Para que le vendiera una canonjía, éste se la concedió, lo que debió irritar profundamente a nuestro personaje. Cuando Cisneros regresó a España ordenó su encarcelamiento. En el mismo permaneció durante ocho años.


Representacion de la Farsa de Ávila.Siglo XIX
D. Beltrán de la Cueva

      Pero no todo es tan sórdido en la vida de Alonso Carrillo. En honor a la verdad, en cuanto a lo que pueda achacársele de falta de escrúpulos, ninguno de sus adversarios debió andarle a la zaga. Así era la vida política de aquellos tiempos (dicho sea de paso, aunque no podamos estar demasiado seguros de que en la actualidad, con otros métodos, haya cambiado mucho). Sus desavenencias con Enrique IV estarían, en muchas ocasiones, bien justificadas. La debilidad e incompetencia de éste debieron hacer perder la paciencia en más de una ocasión, y con razón, a un hombre de coraje y ambicioso que había nacido para el poder y la lucha, y sabía de ello más que el pusilánime monarca.
      Su mediación en los hechos que llevaron al trono a los Reyes católicos fue decisiva en la historia de lo que después sería España. En gran parte, a él puede agradecérsele el éxito en las negociaciones matrimoniales de la Princesa Isabel con Fernando de Aragón, que supieron acabar con la anarquía en que vivía la sociedad de aquella época y sentar las bases de un verdadero estado moderno en donde prácticamente nunca antes había existido, reduciendo, para ello, el díscolo sentido liberal de la "nobleza". Carrillo puso sus influencias al servicio de la subrepticia entrevista entre la princesa castellana y el príncipe aragonés. Este último se vio obligado a realizar un secreto y peligroso viaje desde Aragón hasta Castilla para entrevistarse con Isabel, pues Enrique IV, receloso de que su medio hermana no respetase la cláusula de Guisando, por la que se había comprometido a no contraer matrimonio sin su permiso, hizo vigilar y tomar todos los caminos. Pretendía, para mantener a la Beltraneja en el poder, casar a Isabel con Alfonso de Portugal, futuro heredero de este reino, lo cual la alejaría definitivamente del gobierno de Castilla. Después de que la entrevista se llevó a cabo con éxito, al arzobispo le quedaba aun un buen problema diplomático pendiente: obtener la dispensa papal, pues los contrayentes tenían lazos de consanguinidad. Paulo 11, que a la sazón, ocupaba la silla de San Pedro, no estaba dispuesto a concederla, y esto era pública y notoriamente sabido. El tiempo apremiaba y el recelo del rey era cada vez mayor. No dudó Alonso Carrillo en falsificar una bula y celebrar el matrimonio en Valladolid el día 19 de octubre de 1469. El papa anterior fue Pío 11, con quien Carrillo mantuvo buenas relaciones, pero había muerto en 1464, es decir, cinco años antes, cuando Isabel era una niña y no se pensaba, ni por asomo, en aquel desenlace de la política castellana, pues, entre otras cosas, vivía todavía el príncipe Alfonso, que en todo caso hubiera sido el legítimo heredero. Carrillo falsifico la bula con fecha de 28 de mayo de 1464 y puso al pie supuestamente la firma y sello del papa fallecido. Llevaba implícita su falsedad. La bula legal llegaría mucho tiempo después. Cuando Enrique tuvo conocimiento de los hechos se apresuró a declarar nulo el compromiso de Guisando, lo que prepararía el camino hacia una nueva contienda civil.
      Pero no nos engañemos, Carrillo no caminaba movido por interés altruista alguno; actuaba exclusivamente en razón al suyo propio. Su carrera había consistido, desde probablemente su más tierna infancia, en un ascenso progresivo hasta el más elevado rango del poder que le fue posible. Y claro, como es normal en estos casos, llegado a este punto, su caída fue inevitable. Basto que otra persona, más ambiciosa todavía que él, pero con más talento natural, Isabel, superase todas las tremendas dificultades y vicisitudes con que tropezó hasta afianzarse en el poder y convertirse en la mejor estadista que ha dado la historia de España, para que los desafíos y bravuconadas de Carrillo quedasen definitivamente neutralizados. El precio que éste puso al apoyo a su causa no fue pequeño; nada menos que el de convertirse en un tercer rey; entrar también en el tanto monta. Exigió la promesa de que los reyes no tomarían ninguna decisión en cuestiones de gobierno sin su consejo y anuencia.

« ... todos a tres, de un acuerdo, faremos egobernaremos como si un cuerpo e un ánima fuésemos(2)

      Isabel, hábil diplomática, y su futuro marido más, accedieron de momento. Nada más lejos, sin embargo, de sus intenciones. Los reyes llegaron a conseguir soslayar poco a poco la venenosa influencia del arzobispo. Cuando esto ocurrió las relaciones con Carrillo volvieron a deteriorarse, hasta el punto de que éste, haciendo gala de nuevo de su altivez y soberbia llegó a proferir esas famosas frases:

« ... la saqué de la rueca para llevarla al trono; agora la volveré a la rueca

     Cuando los reyes consiguieron reducir el poder de la nobleza, lo hicieron con un método expeditivo: derribando las cúpulas de las torres de sus fortalezas y palacios. Carrillo acabó también reducido, rindiendo, también del mismo modo, las suyas. A partir de entonces su influencia empezó a verse reducida y su caída
política fue inevitable. Acabó por sellar la paz con la reina y retirarse a Alcalá de Henares donde terminó sus días, consagrándose por entero al ejercicio de su sagrado ministerio. Isabel acabó persuadiéndolo, a regañadientes, para que nombrara su sucesor, en la archidiócesis toledana, al Cardenal Mendoza. Por entonces era costumbre que los arzobispos nombraran a sus sucesores.
      En cuanto a su relación con la villa a la que dio su nombre, y que hoyes la ciudad en que hemos nacido y vivimos, fue intachable. Por sus propios intereses, u otra razón que fuera, no descuidó en momento alguno su protección y apoyo, en menoscabo, incluso, de otras villas y aldeas del Adelantamiento de Cazorla. Es justo que esta ciudad le guarde reconocimiento. Promovió la refortificación de la antigua Torre de Mingo Priego, y se vio obligado a imponer su autoridad al concejo de Iznatoraf, que pretendió volverla a su jurisdicción. Mandó recabar fondos para pagar los rescates impuestos por los moros, tras la razzia de 1450.
      Como mecenas y protector de la cultura pueden atribuírsele hechos notables, sobre todo en Alcalá de Henares, tales son la reconstrucción de la Iglesia de los santos Justo y Pastor convirtiéndola en colegiata, la fundación del convento de San Francisco, la creación de las tres primeras cátedras de los estudios y la ampliación del recinto del palacio episcopal.
      Los últimos años de su vida los pasó enAlcalá de Henares.Allí murió en 1482. Su sepulcro se encuentra reconstruido en la Catedral Magistral de esta ciudad .

(2)Archivo de Simancaas, legajo descubierto por Tarcisio de Ascona. La cita en el libro de Isabel la Católica de Manuel Alvar.

José Antonio Barberán

 

BIBLIOGRAFíA Y REFERENCIAS:
- Historia de España. Domínguez Ortiz
- Castles and the Crown" (Resumen: Isabel la Católica). Towsend Miller
-Isabel la Católica Manuel Fernández Álvarez
- Claros varones de Castilla. Hernando del Pulgar
- Crónicas de Enrique IV. Alonso de Palencia
- Crónicas de Enrique IV. Enríquez del Castillo
-Archivo de Si mancas
PORTALES DE INTERNET CONSULTADOS: - abcgenealogia.com
- http://perso.wanadoo.es/selicup/fradejas -'e brero. htm
- chopo.pntic.mec.es
- www.marzo-wilhelm.de/losguarros/cascarillo.html

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