DE LOS NOMBRES DE VILLACARRILLO
MINGO PLIEGO (PRIEGO) Y MUÑO PRIEGO

Tradicionalmente achacamos el primigenio nombre de Villacarrillo al del supuesto primer alcalde de la fortaleza que existía en su solar, al ser conquistada Iznatoraf en 1226 por Las tropas de Fernando III el Santo Y. aunque hemos dado carta de naturaleza al nombre Mingo Pliego. pues así 10 recogen la mayor parte de las fuentes que conocemos, sin embargo no podemos olvidar ese otro apelativo que es Muño Priego, el cual consta en el manuscrito de 1668 que bajo el titulo Cenobio de la Villa de Villacarrillo, se conserva en el convento de franciscanos de Chipiona (Cádiz), herencia sin duda de la estancia de esta orden en nuestra villa y que la villacarrillense María Dolores Bravo Miralles ha transcrito y viene publicando en el Programa de Actos y Cultos del Stmo. Cristo de la Vera Cruz, que cada año se edita con motlvo de la festividad de la invención de La Cruz el 3 de mayo.
Reflexionando sobre las causas que pueden haber dado lugar a esta dualidad en el nombre del primer alcaide había llegado a la conclusión de que en algún momento de nuestra historia local, entre 1226, fecha de la conquista, y los primeros años del siglo XV, fechas en las que por primera vez tenemos constancia de llamarse Mingo Pliego la antigua torre fortaleza de Villacarrilio (así figura en la convocatoria que hizo el alcalde de Iznatoraf a principios de dicho siglo para que la gente de guerra se reuniera con el en Begijar), tuvo que producirse una transcripción errónea de Muño en vez de Mingo, quedando este error para La posteridad en alguna documentación que no ha llegado hasta nosotros, sino de donde viene esta historia. Pensemos que son dos siglos a Lo largo de Los cuales pudo producirse el error, y que la forma de escribir Muño podia hacerse Munyo, y esto unido a la dificultad de lectura que muchas veces ofrece La letra cursiva de los documentos bajomedievales, bien pudo copiarse Munyo de donde realmente ponía Mingo. Bajo esta perspectiva necesariamente tuve que descartar Muño, pues contra la única vez que aparece esta forma en el tardío documento franciscano de 1668, la de Mingo se repite en el resto de la documentación que conocemos desde principios del siglo XV.
Sin embargo, esta conclusión se vino abajo cuando en mis rastreos por viejos papeles tuve conocimiento de que en libro donde está escrito el Fuero de Baeza existe también una relación de los jueces que tuvo esta ciudad desde su conquista a los moros en 1227 hasta La toma de Sevilla en 1248, y encabezando esa lista, es decir, como primer juez de Baeza figura Muño de Priego.
Creo que sobran las palabras. A partir de este momento mi hipótesis tenía que ser la contraria, es decir, que el error de transcripción tenía que ser Mingo en vez de Munyo y, por tanto, que el primer alcalde de la antigua torre de Villacarrillo fue Muño de Priego, luego, o al mismo tiempo, juez de Baeza y, en consecuencia, el primigenio nombre de la villa tuvo que ser Torre de Muño Priego.
Por otra parte, si repasamos nuestra historia observaremos que la tendencia de Iznatoraf y sus aldeas a la sede toledana en la persona de su arzobispo Don Rodrigo Jiménez de Rada no se efectuó hasta 1246, es decir veinte años después de su conquista por lo que durante este tiempo fueron lugares realengos y como tales su gobierno y administración los decidía el rey.
Conquistada Baeza se convirtió esta ciudad en el centro político y militar de los territorios que se iban conquistando en el alto Guadalquivir, por lo que no es de extrañar la dependencia en ese momento de un alcaide de la torre del futuro lugar de Villacarrillo respecto a Baeza, ya fuera por designación del rey sin motivo especial alguno 0 porque Muño de Priego fuese quien la tomó a los moros y le correspondía ese honor.
Lo anterior se refuerza si tenemos en cuenta que Baeza fue Sede Episcopal desde el primer momento de su conquista y hasta 1246 en que se trasladó el obispado a Jaén tuvo bajo su jurisdicción a Iznatoraf y sus aldeas con la categoría de arciprestazgo, si bien le costa mantener un largo pleito con la mitra toledana que se había apropiado extensas zonas, pleito que se zanjó a favor del obispo de Baeza en 1243.
En conclusión, creo que lo importante en las disquisiciones que se pueden hacer sobre este tema es que la tímida referencia que hasta la fecha se ha venido haciendo a denominar la torre fortaleza de Villacarrillo como de Muño Priego, cambia ahora de cariz, pues la existencia de un personaje de se nombre en nuestro entorno territorial, en época de la conquista y formando parte de nuestra tradición histórica local, merece su justa valoración y consideración.
Fernando Mora Régil
Revista AHISVI nº 0 Año 2001