CONJETURAS ACERCA DEL POSIBLE ORIGEN DEL CASTILLO DE VILLACARRILLO (I) |
La Loma de Úbeda es una cadena de colinas margo-arcillosas que, paralela al curso de los ríos que la confinan por el N y por el S, Guadalimar y Guadalquivir respectivamente, discurre en dirección EN E-OSO. Su fértil suelo está formado por detritos de rocas sedimentarias que en remotos tiempos constituirían un lecho marino. En el extremo más oriental se levanta el cerro de mayor altitud del sistema, (1 030m). Desde el neolítico debió soportar los cimientos de algún primitivo poblado que se mantendría habitado por los sucesivos ocupantes del territorio peninsular hasta la llegada de las tropas mercenarias procedentes del norte de África. Las pruebas de que así fuera son escasas, pero las evidencias son demasiado convincentes. Nos estamos refiriendo, naturalmente, a Iznatoraf. El determinante valor geográfico-estratégico del cerro de que hablamos es una nada desdeñable prueba de que estaría habitado durante todos los tiempos. Importantes rutas, que pusieran en comunicación las comarcas de la cuenca del Guadalquivir con Levante y las sierras de Segura y Alcaraz, encuentran su trazado natural muy próximamente a sus faldas. Identificada por algunos autores con la antigua Anistorgis de los oretanos, su papel en las estrategias militares que han llenado las páginas de la historia de la comarca habrá sido, en cualquier momento, de una relevancia no merecedora del olvido que le dedican las referencias en los textos escritos. Desde este lugar se puede controlar perfectamente el paso por estos caminos, tanto por el lado septentrional como por el meridional. Desde su cumbre se contempla la casi totalidad de la Loma de Úbeda y la mayor parte de los valles de los dos ríos que la delimitan. También las comarcas del Condado y la Loma de Chiclana, por el norte. Por el sur, las sierras subbéticas de la Oróspeda, Segura, Las Villas y Cazorla. Todo esto unido a la feracidad de sus terrenos adyacentes hace impensable, solamente por ello, que no existiera un poblado habitado antes de la llegada de los moros, pero para muchos autores de textos todo esto parece superfluo, a la vista de las superficiales referencias que hacen a ello. Al suroeste de este cerro, como a legua y media, se levanta otro promontorio de 850m. Un poquito menos elevado, pero desde el cual se domina también parecida panorámica. Es de suponer que en el mismo, o a muy poca distancia, haya habido asentamientos humanos en todas épocas históricas. En la falda meridional de este otro cerro se alza hoy la población de Villacarrillo. Ha sido conocido tradicionalmente este promontorio, hasta casi nuestros días, como Alto de Menga, tal vez en relación con Mingo Priego. Tampoco hace demasiado tiempo que desaparecieron de su cumbre las casas de un arrabal de nuestra población llamado Cuatro Vientos. Sobre la posible historia de estos lugares nos ocuparemos en otros números deAHISVI.
Las noticias de hallazgos arqueológicos, que no sabemos a qué manos puedan haber ido a parar, son abundantes en compensación a la escasez documental anterior a los árabes. A pesar de que estos lugares deberían de ser unos de nuestros más ricos yacimientos, la ignorante desidia de las autoridades ha permitido su expolio y destrucción casi total. Nos vemos obligados, una vez más, a tener que fiarnos de testimonios orales y escritos que hablan de preciosos hallazgos iberos, romanos y visigóticos. La ocupación de Torafe por tribus beréberes se llevaría a efecto no mucho tiempo después de la incursión de las tropas de Tariq hasta Toledo. Allí residirían comunidades cristiano-visigodas, que como ocurrió en muchas otras partes, aceptarían un acuerdo je capitulación con los invasores. Es la hipótesis más creíble, que el más importante punto estratégico de La Loma de Úbeda haya estado poblado establemente en todos tiempos, por todos los nativos y conquistadores we anduvieron por aquí. No tenemos noticia documental fiable en la que aparezca citado un poblado o lugar dentificable con Torafe con anterioridad a la invasión musulmana. Y apenas aparece posteriormente en los extos de los historiadores andalusíes. Desconocemos las razones. Deben achacarse a que no tuviera la suficiente importancia, pero no nos resulta convincente esta hipótesis. Sin embargo, disponemos de abundantes referencias cristianas datadas a partir del s. XIII. La historia de Villacarrillo y su castillo se encuentra 3strechamente vinculada a la de Iznatoraf.
Reconstruir virtualmente el pasado de tantas cosas referentes a la historia de Villacarrillo, como nos Justaría, es una tarea, poco más o menos, imposible. El material probatorio de que disponemos es muy escaso ), en lo tocante a algunas de estas cosas, nulo. No nos queda prácticamente otra opción que las conjeturas. \hora bien, intentaremos subsanar esta seria deficiencia procurándonos los más bien fundamentados lrgumentos que las respalden. En cuanto al castillo que un día se levantase en el solar que hoy ocupa la iglesia )arroquial de Nuestra Señora de la Asunción, nuestro material se reduce a unos restos del mismo, unido a un )uñado de datos contrastables, aparte de la historia general de España, universalmente aceptada por sus más ¡minentes redactores. Esta última será la principal referencia orientadora que nos guíe para las conjeturas que lretendemos hacer. Los escasos datos de que disponemos podemos resumirlos de la siguiente forma:
1.- Un conjunto de restos arqueológicos atrapados entre las estructuras de las sucesivas :onstrucciones llevadas a cabo en el lugar, a partir del momento en que las huestes cristianas de Fernando III y el arzobispo toledano Rodriga Ximénez de Rada les arrebataran a los moros los últimos reductos que les quedaban en esta comarca del Alto Guadalquivir. Entre estos restos, en ocasiones totalmente destruidos, en ltras casi intactos, de aquellos que pueda atribuírseles un origen ciertamente árabe, no queda otro en lillacarrillo que el aljibe situado bajo el suelo de la actual iglesia: Y tampoco podemos afirmarlo a ciencia cierta, aun que lo más probable es que así sea. Se trataría del que construyeran los moros en la primitiva fortaleza que se levantara en el lugar. Para poder confirmar este supuesto necesitaríamos expertas colaboraciones. Nos encontramos actualmente en la situación de estar buscando las mejores. Pero es lamentable tener que decir que se encuentra en pésimas condiciones. Tropezamos de nuevo con los daños irreversibles causados por la ignorancia y un sentido práctico de la vida que es el menos práctico de los sentidos. Durante las obras de reparación del pavimento de la iglesia, el hueco del aljibe fue parcialmente rellenado con los detritos que producía[1las máquinas pulidoras. El acceso al mismo es sumamente difícil, pues hay en su fondo casi un metro de fango. La asociación AHISVI estaba dispuesta a financiar con sus más que modestos recursos económicos, la limpieza del aljibe, pero naturalmente necesitábamos el permiso de la iglesia y del patrimonio, aunque sarcásticamente quienes produjeron el daño no lo necesitaron. Recientemente hemos conseguido arrancar al Ayuntamiento la promesa de hacerse cargo de esta limpieza. Si pudiésemos disponer de la confirmación experta del origen árabe del aljibe tendríamos la concluyente prueba clave que necesitamos. Mientras no estén rematadas las obras de limpieza, admitiremos que el aljibe es árabe y el primer castillo consecuentemente también debió serio. Tenemos plena confianza que esta sea la estricta verdad. Si esta prueba alcanzase, en un futuro no demasiado lejano, el resultado positivo que esperamos, la reconstrucción de los orígenes urbanos de nuestra ciudad se haría una tarea bastante más fácil.
2.- Los demás restos arqueológicos del castillo son todos de origen cristiano y posterior al desalojo de los musulmanes del poder en estos lugares. Además, tampoco pueden atribuirse a una misma época o unidad originaria, sino que pertenecen a una interminable cadena de reestructuraciones integradas por parciales derribos, sobre los que se habrán llevado a cabo nuevas y sucesivas construcciones o reparaciones del templo parroquial. A las modificaciones que, en su tiempo, se hicieran en el castillo, antes de ser parcialmente derribado para construir la primera iglesia cristiana, hay que juntarle las realizadas desde entonces acá y que le habrán ido ganando el espacio hasta dejarlo convertido en el disperso conjunto de residuos que hoy quedan a la vista. Todo el conjunto, iglesia y restos del castillo sobre los que, unas veces se apoyan las estructuras del recinto sagrado y otras han sido parcialmente derribados ganando su espacio, forman un inextricable rompecabezas cuya ordenada colocación de sus piezas será una tarea interminable. En este trabajo, nuestro propósito es ofrecer un avance al lector del estado en que se encuentran nuestras investigaciones.
3.- Otra referencia arqueológica de suma importancia para confirmar inequívocamente el pasado moro de esta ciudad es la lápida árabe descubierta por Román Pulido. Su autenticidad, por nadie ha sido, hasta el momento, cuestionada. Si alguna circunstancia extraña no influyó en el lugar de su hallazgo (lo que no es imposible pero si bastante improb'able) la lápida es una prueba cierta de la existencia de un núcleo poblado a finales del s. IX en los alrededores de lo que hoyes nuestra ciudad.
4.- Las fuentes documentales de que disponemos, y que se refieran al castillo, son todas de origen cristiano. De ninguna noticia imputable a algún autor árabe hemos tenido conocimiento hasta ahora. Una buena parte de este trabajo consistirá en ofrecer una relación detallada de estas noticias. En esto y en esa última referencia a la historia general de España, consiste todo nuestro patrimonio probatorio. La referencia más directa al castillo, aunque por supuesto no la más antigua, se debe a Bernardo de Espinalt, en su libro del s. XVIII El Atlante Español. En el mismo se dice que el castillo se construyó con motivo de la batalla de Las Navas de Tolosa. De la lectura del texto de este autor, debe sacarse la conclusión de que tanto el castillo como la ciudad, fueron construidos por los cristianos, inmediatamente después de la conquista. El origen de la población debería encontrarse, según Espinalt, en la construcción de un castillo, que tomó el nombre de su alcayde, Mingo Priego. «á el qual se acogieron los Christíanos de los Pueblos, que ganaban los moros ... ». La credibilidad del texto de Espinalt merece una consideración bastante más desdeñable que la de una duda razonable, pues la impresión que nos deja es la de que, no sólo el castillo no existiría con anterioridad, sino que la propia aldea de Mingo Priego nació acogida al mismo, como suburbio de Iznatoraf, lo que choca frontalmente con la evidencia ante la cual nos coloca el descubrimiento de la lápida árabe. Por otra parte, la noticia de Espinalt es muy vaga e imprecisa. En ella se dicen cosas que indudablemente son verdad, pero, perteneciendo a diferentes momentos históricos, mezcladas y confundidas, como si se tratara de un solo hecho solemne acaecido con motivo de una única peripecia histórica, el triunfo y consolidación del dominio cristiano en las tierras peninsulares. Esta ambigüedad puede deberse, es cierto, a las deficiencias sintácticas del lenguaje común de la época. Por lo pronto, en la frase «á el qual se acogieron los Christíanos de los Pueblos, que ganaban los moros», la carencia de una preposición adecuada ("a los moros") confunde el sentido, es decir, es necesario un esfuerzo contextual para no entender que eran los moros quienes ganaban pueblos, cuando en realidad les eran ganados a ellos. La verdad que puede esconderse tras la mala calidad literaria del texto de Espinalt es que ciertamente la fortaleza árabe fuese construida tras el toque de rebato que supusiera el desastre de las Navas para el decadente imperio almohade de Al Andalus. Pero eso no debe interpretarse, ni como que el castillo lo construyesen, de nueva planta, los cristianos, ni como que la aldea no existiese con anterioridad. El estado almohade hacía aguas por todos sitios durante aquella época. La amenaza cristiana del otro lado de las fronteras del norte, representaría cada vez un peligro más real. Los programas de refortificación del territorio debieron ponerse en marcha a ritmo acelerado. El hito histórico de esta batalla, que representó el principio del fin del imperio almohade, no debió de ser un leve acicate. Desde 1212, fecha en que tuvo lugar esta batalla, hasta la entrada de los cristianos en Iznatoraf y sus aldeas adyacentes en 1238, habría tiempo suficiente para la construcción de una fortaleza destinada a resistir el avance cristiano o a refortificar las estructuras defensivas que ya pudiesen existir. Además, los musulmanes no reparaban en suntuosidades a la hora de levantar construcciones civiles o militares en los entornos rurales. El sistema constructivo elegido era el de muros de tapial, de fácil y rápida ejecución, que se fabricaban rellenando con barro, tierra o cal y canto, encofrados de madera. Entre los muros así levantados, se tendían bóvedas de ladrillo cocido o bien de piedras tomadas con mortero de barro en unos casos, en otros, de cal y de arena. Un sistema constructivo sólido, rápido y económico para tiempos en que la artillería no estaba aun bien desarrollada. No hay, entre lo que se conserva actualmente, vestigio alguno que se corresponda con estas técnicas constructivas. Y si lo hay; estará sepultado o, de otra forma, oculto a las miradas poco expertas. Es por lo tanto un error atribuir a lo existente un origen árabe. El pasado de todas estas piedras del recinto será necesario buscarlo en sucesivas reconstrucciones correspondientes a diferentes etapas. Pero muchos de los cimientos originales sobre los que hoy se asientan las fábricas de mampostería realizadas por los cristianos, después de la expulsión de los sarracenos, debieron ser construidos por algunos de estos que pasaran sus últimos días en la aldea (al daya) en que tuviera sus inicios lo que hoy es nuestro pueblo.
(1)Ete cerro es el que ha sido llamado mucho tiempo, Alto de Menga, tal vez en referencia Mingo Priego. En la fig. 1 este cerro ~coresponde al sitio donde tal vez se levantara una torre óptica.
Podemos aceptar que la fortaleza almohade se construyera inmediatamente después de las Navas de Tolosa, pero no debe descartarse la posibilidad de que, después de esta fecha, más que de una construcción de nueva planta, lo que los cristianos hiciesen sobre ella fuese una ampliación y refortificación destinada a proteger a los habitantes agricultores de la aldea cuyos orígenes serán objeto de otras investigaciones. Es pues muy posible que ya existiera con anterioridad, entre otras cosas porque el peligro cristiano ya venía siendo real desde mucho antes. Lo que resulta de todo punto inaceptable es que fuese construida de nueva planta por los cristianos para defenderse de incursiones o razzia s moras posteriores, consolidando, al mismo tiempo, su conquista. Las razones para afirmar esto son de la más elemental lógica estratégica. Es un absurdo insostenible levantar una fortificación en la falda norte de una colina, para defenderse de un adversario cuyas nuevas fronteras han quedado al sur, completamente ocultas a la visión, siendo el flanco más vulnerable aquel' por donde ha de llegar el enemigo y cuando se disponía de la mejor opción, haberla edificado en el cerro mediatamente próximo\ que se encuentra al suroeste, a sólo unos cientos de pasos, desde el cual todos los lancos quedarían fácilmente defendidos. Los almohades si que tenían buenas razones de estrategia para 3dificarla allí, protegiendo la población, y con su flanco mejor defendido por la pendiente del terreno dando vista 31 natural sitio de aparición del enemigo, mientras el cerro de que hemos hablado unas líneas más arriba lo tenían dominado y controlado probablemente por la torre óptica. Ahora bien, una vez que existiese esta 'fortaleza, para los cristianos si habría sido mucho más fácil que levantar una de nueva planta, aprovechar y refortificar la ya existente, mientras simultáneamente, controlaban el Valle del Guadalquivir mediante la torre óptica que hemos referido. En la fig. 1 queda suficientemente ilustrada esta hipótesis. Nuestro argumento en el lue basar la creencia de que en la aldea (la cual por entonces tendría un nombre que irremediablemente desconocemos, pero que más tarde pasara a llamarse Chozas de Mingo Priego y, con posterioridad, Villacarrillo existiría un mínimo foco de resistencia, antes de que las huestes cristianas la tomaran, no encuentra mejor fundamento en que basarse que el propio hecho de que fuese tomada en fechas que constan m documentos. No pierden el tiempo unas fuerzas conquistadoras "tomando" un descampado, ello ya se presupone solamente con su paso por el mismo. La táctica militar consistía en ir apoderándose de las fortalezas , poblaciones fortificadas existentes. Aunque al parecer, todas estas plazas fuertes vinculadas a Iznatoraf, lcluida esta misma, se rindieron a los cristianos capitulando, es evidente que lo harían ante la amenaza Tesistible de que los conquistadores emplearan la fuerza. La intención cristiana de conquistarlas no ofrece ludas. Existe constancia escrita de la toma cristiana de Iznatoraf y sus avanzadillas de Torre Mingo Priego y La Moraleja (Villanueva del Arzobispo). Es decir, inmediatamente después de las Navas, la situación militar en que quedase la parte oriental de la Loma de Úbeda y las cuencas de los ríos que la delimitan (en otros lugares sería similar) hubo de ser muy parecida a la que puede verse en la fig. 1; unos focos de resistencia precaria al avance .ristiano, en espera de caer en el momento menos pensado. Y la situación en que quedasen estas ciudades y ,posiciones fortificadas, durante el periodo de tiempo comprendido entre 1212 (fecha de las Navas) y 1238 (capitulación de Iznatoraf y sus avanzadillas) no pudo ser otra; huelga cualquier tipo de cuestionamiento. La Loma de Úbeda se presentaría como la "puerta de la reconquista cristiana" en un segmento del Alto Guadalquivir. En los pueblos reconquistados se sentarían las bases de futuras operaciones de penetración más al sur. Las noticias documentales de la caída de estas plazas es la mejor prueba de que existían con bastante anterioridad.
5.- También la tradición oral, aunque no alcance la consideración de prueba histórica, sirve, la mayor parte de las veces, para que pueda aceptarse, como mínimo, la existencia real del contexto histórico en que se sitúa. Esta tradición oral de siglos nos habla en nuestra ciudad de "los moros" que fueron desalojados por los cristianos reconquistadores. Por otro lado, tenemos la toponimia; multitud de sitios y lugares se conocen por nombres de origen árabe. El sustantivo común al-ballu'a en árabe. se convirtió en albollón en castellano. El Albollón en Villacarrillo, más que la designación genérica de un servicio público (una cloaca) es el topónimo de un lugar. Si esta misma designación para los emisarios públicos se ha adoptado en otras ciudades, todas han tenido, que sepamos, un pasado islámico. Otro tanto podemos decir en cuanto al término albaicín, con el que podemos tropezamos en muchas ciudades como topónimo de alguna calle o barrio, independientemente de cual sea su origen etimológico. Si como es lo más aceptable, albaicín significa "morería", barrio moro, análoga mente a judería, la calle Albaicín en Villacarrillo habría quedado comprendida dentro de lo que fuese "la morería", el barrio donde fuesen reducidos a vivir los mariscos que quedaran después de la conquista cristiana.
A la vista de estas consideraciones y de la lápida encontrada en el Alto de Menga (en el lugar en que existieran unos antiguos tejares, según Román Pulido), podemos dar por zanjado el comienzo de la población de Villacarrillo en época mora, y ya existiría, a principios de los siglos IX ó X, una discreta fortaleza que la protegería, aparte de en casos de conflicto bélico, de acciones de pillaje y saqueos en tiempos de paz. En cuanto al aljibe, con la única prevención de que un día opiniones expertas dijeran lo contrario, sería, consecuentemente con lo que llevamos dicho, de origen árabe y estaría destinado a hacer provisión de agua con vistas a un posible asedio cristiano prolongado. Además volvemos a poner un interrogante en la noticia que dábamos en el pasado nº 3 de esta revista referente a una red de raudales, acuíferos y pasadizos de evacuación que enlazaban Iznatorafy sus aldeas (que después se llamasen La Moraleja y Torre Mingo Priego) con el curso del Guadalquivir. Acerca de la veracidad de esta noticia, además del testimonio de Román Pulido, se cuenta con restos de esta infraestructura.
Una segunda hipótesis, aunque bastante menos avalada por indicios razonables, sería que existiese la fortificación, al menos como una torre de enlace óptico, en el cerro de que venimos hablando, donde después estuvo Cuatro Vientos (nº 16 en el mapa de situación que ofrecemos) desde tiempos de las revueltas muladíes que tuvieron por cabecilla principal a Umar ben Hafsun. Se sabe que, durante estas revueltas, facciones alineadas con el clan de los Banu Hábil operaron por estos lugares. Uno de los hermanos estableció su centro de operaciones en Saínt' Astabin (Santisteban del Puerto). Parece difícil que Iznatoraf no fuese utilizado como lugar de encastillamiento de alguno de estos rebeldes. Si en el cerro en donde estuvo Cuatro Vientos existió una torre óptica es posible que también fuera utilizada por ellos. Abd' al Rhamman III sofocó expeditivamente estas rebeliones. Para reducir a los Banu Hábil se desplazó personalmente a los sitios en que estos se refugiaron. Uno de estos sitios fue Santisteban y se tienen noticias escritas de este hecho. Pero una vez sofocada la rebelión, mandó destruir la práctica totalidad de las fortalezas, para evitar nuevos encastillamientos. Sin embargo, también sabemos que, casi dos siglos más tarde, con motivo del avance de la Reconquista cristiana en los territorios de las taifas que todavía no estaban en poder de los cristianos, se comenzó un frenético programa 'de refortificaciones, con el fin de defenderse de la amenaza que llegaba desde el Norte. Los episodios de Las Navas de Tolosa no cogerían desprevenidos a los almohades que vivían todavía por estos terrenos.
A partir de la aceptación del supuesto origen árabe del primer castillo y la existencia de un núcleo establemente poblado, las hipótesis que desarrollaremos a continuación se referirán al emplazamiento en el mapa de la fig. 2 de esta primera población medieval y su estado durante el transcurso de los siglos IX al XIV. Como ya decíamos en otro número de esta revista, las primeras calles serían las que hoy figuran con los nombres de Las Minas, Antón Pérez, Carmen, Repullete y Callejón de Pulido. En la calle de Las Minas (n° 7 en el plano), a lo largo del camino pecuario (nO 18) que cruzase por el lugar, se iniciaría la construcción de las primeras casas. Un segundo camino vecinal (n° 19) se cruzaría con el anterior en el punto 6 del plano. Este punto, que sería en su tiempo el centro neurálgico del poblado, debe corresponder a lo que hoy llamamos Cuatro Esquinas de la Soledad. El segundo camino transversal daría origen a las calles que hoy llamamos Carmen y Antón Pérez ya continuación se formarían las de Repullete, Miguel de la Guardia y Callejón de Pulido (antiguo adarve o calle sin salida). El crecimiento urbano a partir de la conquista cristiana puede apreciarse en las anotaciones hechas en el plano. Pero no debemos desestimar la suposición de que con bastante antelación a la colocación de los cimientos en la primera casa, existiese el arrabal (restos de uno mucho más antiguo, cuyos orígenes se remonten a los pueblos ibéricos) y que más tarde se convirtiera en Cuatro Vientos (nO 17). Se construirían posteriormente la desaparecida ermita del Carmen (tal vez con anterioridad a la iglesia cristiana de Santa María del Castillo, que aparece en los textos de los siglos XIV y XV) Y el cementerio cristiano, que ocuparía el actual espacio de la calle San Fernando. La antigua mezquita árabe se encontraría en la Plaza de la Tercia (nº 13) y el cementerio moro en el sitio de Los Tejares,donde ahora está el depósito regulador de aguas potables. El socavón por cuyo fondo corre el arroyo del Albollón (nO 22) no sería tan profundo; la erosión de las aguas lo habrá ido excavando a lo largo de los años.
En cuanto al castillo, que es el motivo fundamental de este artículo, se iniciaría su construcción en fechas no bien conocidas, por los árabes que fundaron la población en que vivimos, pero de sus primeros muros no conservamos resto alguno. Lo que hoy puede verse de las posteriores y sucesivas reestructuraciones que sobre la fortaleza llevaran a cabo los cristianos se recoge en el plano de la fig. 3. Las fechas que figuran en el mismo son aproximadas y no se descarta que puedan sufrir correcciones. Un aljibe (5) bajo el suelo de lo que fuera la original fortificación musulmana para aprovisionamiento de aguas y unos restos de torreones y murallas levantados por los cristianos sobre los
cimientos originales. Al norte del solar, un lienzo de muralla (7) sirve de sólida pared al templo de Vandelvira. Sus mampuestos toscamente trabados con mortero de calicanto constituyen un claro indicador de que pueda tratarse de una de las fábricas más viejas que podamos encontrar en todo el recinto. Naturalmente tampoco será de origen árabe, pero nada tendría de particular que fueran los primeros que se coIocaron después de la expulsión de los moros. La esbelta torre de Vandelvira (4), que sirve actualmente de campanario, la reestructuraría el maestro alcaraceño aprovechando su base. Recrecida hasta alcanzar una osada altura, poco habitual para aquella época por estos lugares, aun puede apreciarse la línea de división que ~termina el cambio de textura de las fábricas de sillarejo correspondientes a épocas diferentes. Los orígenes l estas paredes serían los de una torre albarrana edificada por los cristianos sobre el antiguo minarete musulmán. Un segundo torreón más pequeño (9) fue aprovechado por Andrés de Vandelvira, des'pués de recrecerlo, para encajar dentro del mismo la escalera de caracol que debiera dar acceso al coro que lamentablemente jamás llego a construirse. La Torre del Homenaje (3), junto a la puerta del castillo (1 O), sería de época casi simultánea. En su sala capitular, en el piso superior, se alberga ahora una sección del museo parroquiat. El adarve cubierto (6) y el torreón (8), parcialmente derribado, serían añadidos posteriormente. Finalmente debe de citarse la gran torre de planta rectangular (12), derribada para la construcción de las escuelas graduadas en 1911. Esta torre, la de mayores dimensiones en planta, debió ser construida durante las últimas fases de remodelación que sufriera la fortaleza. Orientada al mediodía, por delante de su frente, se tendería el puente levadizo sobre una profunda cava a la que las fuentes escritas de que disponemos se refieren. Solamente se conserva de esta torre el muro que mira al norte. Por su interior ascienden las escaleras del edificio de las escuelas convertido en casa parroquia!.
Para el próximo número de esta revista, nuestra tarea consistirá en ofrecer a nuestros lectores una detallada descripción de todos los vestigios que se conservan del castillo de Villacarrillo, una importante fortificación que en los catálogos figura secundariamente, pero cuya magnitud no se corresponde con este tratamiento.
Nuestro especial agradecimiento al profesor Castillo Armenteros, de la Universidad de Jaén, que sin su valiosa colaboración no nos hubiera sido posible hilvanar las directrices de este trabajo.
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D. José A. Barberán González |
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