VILLACARRILLO. HIPÓTESIS ACERCA DE LOS ORÍGENES DEL PRIMITIVO NUCLEO DE POBLACIÓN Y DE LA FORTIFICACIÓN MILITAR QUE LA PROTEGIERA |
|
Uno de los libros más serios y documentados referentes al pasado islámico de las tierras que actualmente integran la provincia de Jaén es Introducción al Jaén Islámico, de Aguirre Sádava y Jiménez Mata. Los autores hacen un recorrido a fondo por todas las fuentes documentales de que actualmente se dispone. Sorprendentemente en el mismo, las referencias a lo que fuera Hin's Toraf(lznatoraf), brillan por su ausencia; ni siquiera aparece el topónimo en el índice general que hayal final. De la misma manera, en los libros que he consultado, y que recopilan todo lo que puede encontrarse, no he podido localizar ni una sola referencia a esta población. En ninguna de estas aparece un hin's llamado Toraf, si es que el trabajo de sus autores puede considerarse exhaustivo. ¿Quiere esto decir que Hin's Toraf es únicamente una leyenda o, en todo caso, un insignificante asentamiento urbano, carente de relevancia política durante todo el tiempo que duró la dominación musulmana en la península? Podemos estar seguros de que tales suposiciones no son verdaderas. Son las fuentes del bando contrario, o sea, las cristianas las que nos lo confirman, y en las que si pueden encontrarse abundantes referencias. Si hoy sabemos que Iznatoraf fue una importante ciudad mora es gracias a estas últimas fuentes. La etimología de su topónimo y la tradición oral (para que luego desdeñemos su valor histórico) las ratifica. ¿Se deberá al expolio, por parte de los conquistadores cristianos, que sufrió todo vestigio de la cultura generada por la dominación islámica en AI-Andalus? Tampoco parece probable, pues resulta raro que, donde tantos documentos serían sacados de la península, con anterioridad a la reconquista cristiana y con diferentes destinos africanos, historiadores como AI-Himyari, Ibn 'Idari o AI-Idrisí, traducidos con posterioridad al castellano, principalmente por E. Lévi-Provengal, no se tropezasen con alguno referente a este hin's, de la misma forma que si abundan aquellos en los que aparecen ampliamente otros como: Hín's Saqura (Segura), Hin's Furnus (Hornos), SantAstabin (Santisteban del Puerto). Incluso poblaciones de mucha menor importancia como Bujar Kaiz (Bujaraiza) o aldeas perdidas en la Sierra de Segura, como AI-Fergulit (Las Gorgollitas). No puede tomarse como hipótesis prudente que Hin's Toraf, en cualquiera de sus tiempos de existencia, tuviese menor importancia política que estos enclaves referidos. Parece inexplicable esta ignorante ausencia documental. Iznatoraf debió de ser, durante todo el tiempo que duró la presencia musulmana, un importante hin's o íqlím(1) asentado sobre los restos, ruinas o cimientos de anteriores asentamientos visigodos, romanos, púnicos e, incluso iberos, como lo prueban los diferentes hallazgos arqueológicos, en su mayoría expoliados, pero de cuya certeza no puede dudarse. |
|
![]() Fig.1-La revueltas muladies en las tierras de Jaén. Según Aguirre Sádava |
|
|
Es así mismo incuestionable que la práctica totalidad de la provincia de Jaén estuvo poblada por las diferentes etnias musulmanas que se establecieron en los territorios antes visigodos y, no solo, esporádicamente, sino en núcleos de población estable. La casi perpetua inseguridad ciudadana, solo interrumpida por efímeros periodos de estabilidad política, aparte de los casi ochenta años de califato, no impedía las apetencias ciudadanas de tranquilidad y apacible vida rural. Pudiendo dar por cierta la importancia política y estratégica de Hin's Torafdurante todo el tiempo que duró la dominación islámica, aunque carezcamos de la deseable documentación acreditativa, solo resta imaginar que estaría rodeado de aldeas (al-day'a), arrabales (al-raba) o alquerías (al-qarya) bajo su jurisdicción, tal vez en no demasiada abundancia (principalmente lo que hoy son las poblaciones de Villanueva del Arzobispo y Villacarrillo). Rescatar seriamente algo de la historia de estos lugares, ante el panorama descrito más arriba, sin unos conocimientos especializados ni apoyos institucionales, solo puede ir ligeramente más allá de conjeturas. La credibilidad de estas conjeturas, radica en su rigurosa fundamentación, sobre los pocos datos de que se dispone. Dado que la historia de estos lugares, poco citados por las fuentes documentales relevantes, ha caído sistemáticamente en el desdén, por parte de los profesionales de la materia, el trabajo se nos ha dejado a quienes no tenemos esta profesión, como fue el caso de Tomás Román Pulido, a quien más adelante me referiré. Con unos conocimientos absolutamente autodidactas, hemos de afrontar esta tarea si queremos, por ser oriundos de estos lugares, rescatar, como digo más arriba, algo de su historia. Me parece lamentable que, encima, no contemos con el reconocimiento de nuestra labor por parte de quienes han declinado hacerla.
Empezaré por hacer un brevísimo recorrido recordatorio de la historia de Al Andalus que aquellos interesados pueden consultar más ampliamente documentada en la bibliografía que al final cito. Lo hago así porque creo necesario situar este trabajo en el contexto histórico general en el que tienen lugar los acontecimientos. Se dice que los pueblos islámicos no conquistaron la península ibérica, sino que la población, harta del sistema político de los visigodos, la permitió y en muchos casos la acogió de buen grado colaborando con los invasores. El emirato dependiente del califa de Damasco ejerció el gobierno, durante algo más del siglo y medio posterior, de manera despótica, cargando una excesiva presión fiscal sobre la ciudadanía, hasta el punto de, con frecuencia, hacerse insoportable. Los menos favorecidos, sobre todo conversos muladíes, eran maltratados y despreciados por las clases mejor acomodadas cercanas al poder. Todo esto unido al ascenso de nuevas clases, propensas a aprovechar oportunidades políticas en sus propios beneficios, desembocó en una serie de guerras civiles, únicamente sofocadas con la instauración del califato de Córdoba independiente del de Damasco. Las primeras confrontaciones se desarrollaron básicamente, bajo la estrategia del encastillamiento, esto es, hacerse fuerte un ejército más o menos numeroso de rebeldes, a las órdenes de un líder, en algún recinto fortificado. Es de sobra conocido el rebelde muladí Omar ben Hafsun en Bobastro. Pero este sistema de guerrillas medievales, jamás gozó de la cohesión general de todos los bandos rebeldes, por lo que, si resistieron durante bastantes años, fue por la debilidad política de los emires, faltos al mismo tiempo de organización. En la kura(2) de Yayyan (Jaén) operaron varios grupos de rebeldes, algunos aislados y otros al mando de cabecillas conocidos. En el mapa que ofrecemos más arriba, pueden verse las zonas de influencia de los principales jefes rebeldes, según Aguirre Sádava. Las referencias documentadas más próximas a la comarca de la Loma de Úbeda, durante esta época, se encuentran en Santisteban del Puerto (SantAstabin), bajo el mando rebelde de uno de los hermanos Banú Hábil, (si es que ciertamente corresponde a este pueblo). Es poco creíble que por entonces no existiera His'n Toraf, a pesar de que no dispongamos de prueba alguna. En cualquier caso, es evidente según podemos comprobar en el referido mapa, que su territorio quedó incluido dentro de la zona de influencia de Banú Hábil. El que existiese previamente algún asentamiento humano en lo que hoyes Villacarrillo es difícilmente imaginable. La época precalifal conllevó, portodos sitios, una fuerte inestabilidad política, con constantes incursiones, actos de bandidaje y saqueos de poblaciones por unos bandos u otros. Solo aquellos sitios en que líderes y caudillos militares estuvieron implicados en hechos drásticos o sangrientos, aparecen referidos en los documentos. Esta puede ser también la causa del vacío histórico documental que menciono más arriba. Pero si, como explicaré más adelante, no voy descaminado, debió de ser al final de este periodo cuando empezó a fundarse el primer enclave urbano del actual Villacarrillo. Con la institución del Califato de Córdoba por Abd al-Rahman 1I1 (AI-Nasir) en 320 de la Eg. 1929(3) de n.e. Al Andalus fue pacificado y, consecuentemente, esta misma suerte corrió el territorio de la kura de Yayyán. Un periodo de estabilidad política siguió hasta que el imperio califal fue dividido en reinos de taifas. Una de las medidas de Abd al-Rahman, para sofocar las rebeliones fue desmantelar la práctica totalidad de las fortificaciones. Las crónicas relatan como el propio califa se hizo cargo personalmente del sometimiento de Sant Astabin. Los califas cordobeses llevaron a cabo su gobierno bajo un férreo régimen dictatorial, que no permitió aventuras autonómicas. En resumen, una vida tranquila cuyas complicaciones no pasarían de dificultades burocráticas, y abusos de poder. Prosperidad económica, pese a una creciente presión fiscal debió de ser la característica social más importante. Como de sobra es sabido, la cultura en Europa llegó a alcanzar uno de sus más altos niveles. No debió haber algún personaje de estas cercanías destacado por entonces en la política, las ciencias o las artes (quizá por algún mal originario del terreno, tal vez el agua o los garbanzos, que como dicen, "afirman la cabeza"). Durante este tiempo califal tampoco hay referencias a lugares próximos a Iznatoraf. Sin embargo gracias a la labor arqueológica, no profesional, de personas dignas de mérito, podemos afirmar que ya existía una aldea o alquería en lo que hoyes nuestra población. A partir del desastre al que abocó Almanzor el imperio califal, la descomposición política comenzó a adueñarse de la vida pública. Estalla de nuevo la fitna(4). Dice Aguirre Sádava, que pese a la desmembración del califato, no se da la autonomía política de la kura de Yayyán. Entre 422-482/1031-1090 las tierras de la kura estaban repartidas entre las taifas de Toledo (antes de ser reconquistado por Alfonso VI, en 1085), Almería, Sevilla y Granada, pero Yayyán seguía siendo el centro político-administrativo del territorio que constituyó la kura en tiempos del califato. Torafe, por razones de proximidad a los territorios manchegos, debió de estar vinculado a Tulaytula (Toledo), como lo estaba, por ejemplo, Alcaraz. Después de la reconquista pasaría por sucesivas etapas de alternancia, perteneciendo a las otras taifas próximas. Confirmación de este supuesto puede encontrarse en el trabajo de nuestro compañero Fernando Mora, en este mismo número de AHISVI, referente al Tesorillo de Mogón. El constante avance cristiano, a partir de la reconquista de Toledo, se convierte en la más peligrosa amenaza de los reductos moros cercanos. A pesar de ello, es probable que este tiempo de poco más de dos siglos significase para Hin's Toraf el periodo de su mayor auge político. Se ha dicho que fue emirato de alguna de estas taifas. Ali Menón, el supuesto emir torafeño, es un personaje de leyenda, pero no es raro que fuese realidad, se llamase así o con otro nombre. Tal vez el último gobernante almohade que tuvo que pasar por el amargo trance de entregar la ciudad al rey cristiano. El sometimiento humillante a que iban siendo sometidas sucesivamente las plazas reconquistadas, sembró aun más la división y el desconcierto entre el cada vez más fragmentado poder almohade, descomponiéndose en corruptelas, transfuguismos y traiciones. Ejemplo de este transfuguismo es el de AIBayyasí, el emir de Baeza, que consiguió mantenerse durante algunos años indemne, vendiéndose constantemente a los reyes cristianos. Por un lado esta amenaza y por otro el recrudecimiento de la fitna, debieron originar un apresurado programa de refortificación del territorio. Especial mención merece la campaña emprendida por Yusuf. Concentración de núcleos de población al amparo de fortalezas (husun) y torreones (bury) de protección de vías de comunicación e instalaciones agrícolas proliferaron abundantemente. Podemos suponer que la primitiva fortaleza almohade se construyó en el solar que actualmente ocupa la Parroquia de la Asunción, para proteger y defender la aldea que ya debía existir. Fechar esta construcción no es posible, pero si ratificarla por la existencia del aljibe que, un tanto sorprendentemente, hoy se conserva. En este mismo número de AHISVI se incluye un formidable trabajo de nuestro compañero Francisco Sánchez Villaespesa en el que se esboza una hipótesis sobre el origen de esta ciudad. Merece la pena su lectura. En él se estudian concienzudamente los pormenores de la creación de estas fortificaciones, sobre todo, las destinadas a servir de protección a las explotaciones agrícolas. Como nada más lejos de mi intención está el interferirlo, al contrario aprender del mismo, propongo que esperemos su segunda parte para ampliar estos detalles. Mis hipótesis discurren por otro sitio diferente y a ello vaya ceñirme a partir de aquí. Tampoco pretendo avanzar ideas referentes a un más amplio trabajo que estamos llevando a cabo un grupo de compañeros de AHISVI y que cuando esté terminado será oportunamente publicado. La historia, hasta hace muy poco tiempo, solamente ha concedido valor fidedigno a las fuentes documentales escritas. Pero actualmente estas fuentes han perdido relevancia frente a la arqueología, que puede decirse que es prácticamente la única que llega a avalar con autoridad las hipótesis. La tradición oral ha sido vista, de siempre, con un gran recelo por parte de los historiadores, a pesar de que se podrían citar muchos casos, en los cuales los hallazgos arqueológicos han respaldado viejas leyendas populares. Aunque las tradiciones orales no sirvan para respaldar hipótesis serias, si al menos, pueden confirmar una cosa: la profunda huella que en nuestra cultura popular dejaron cinco siglos de convivencia de moros y cristianos. El mero hecho de existir es prueba evidente de que no hemos podido borrar estas huellas de nuestras costumbres. Y aun más, tengamos presente una cosa: hasta las mentiras deliberadas no dejan de tener un fundamento real. En mi opinión, no debe desdeñarse un cierto valor de la tradición oral como fuente histórica, siempre que no traspasemos los límites que marcan su propio carácter, el de meras referencias a hechos reales aunque imprecisos. Si a la tradición oral prestamos atención, estos lugares cuentan con interminables leyendas, romances de cristianas y moras cautivas, pasadizos secretos, historias de encantadas y tesoros escondidos. El Tesorillo del Duende, que menciona nuestro compañero Fernando Mora en este mismo númeroAHISVI, es una confirmación de cómo muchas leyendas traspasaron las fronteras que las suponían más allá de la realidad. Como prueba fehaciente de muchos enigmas históricos, sirve también la toponimia. De esta manera, aunque, como digo más arriba, no existan documentos escritos en el bando islámico referentes a Hin·s Toraf, el mismo topónirno respalda la hipótesis de su existencia real como hin's. Otros topónimos de nuestra geografía como: Jabalcaballo, Navazalto y Albollón, unas veces síntesis de voces árabes mezcladas con otras de la lengua latino-romance y no pocas de pura raíz árabe, nos demuestran una presencia prolongada de los pueblos musulmanes que ocuparon Al Andalus, no solamente en centros urbanos importantes, sino también en estos medios rurales. Entre la tradición oral y las pruebas documentadas, hemos de colocar los testimonios serios que nos han transmitido inquietos lugareños de estas tierras, hartos de recorrerlas en toda su extensión. Algunas de estas personas nos dieron noticias de descubrimientos, en los alrededores de Villacarrillo, de ruinas morunas, jarrones, ánforas y otras piezas, que de haber conservado, al menos, fotografías o referencias acreditativas, tendrían un alto valor histórico. Por el desinterés de unos y la desaprensividad de otros se han perdido o han sido expoliados definitivamente. Todas estas fuentes, que pueden servir para tratar de reconstruir nuestra historia, siguen siendo, en lugar de ello, una fuente de desconfianza. La arqueología es lo que nos ha desengañado de que en el siglo X, en el lugar que hoy ocupa Villacarrillo, existió un poblamiento, poco o mucho numeroso, pero estable. Casi toda la documentación que puede reunirse, se la debemos a Román Pulido, un hijo de nuestro pueblo que imperdonable mente se ha mantenido mucho tiempo en el olvido. Por sus citas y hallazgos arqueológicos, podemos estar seguros de que el origen de esta ciudad está, como muy tarde, en una aldea o alquería islámica, no posterior a 328 de la Eg. 1930 a.C., de cuyo tamaño, emplazamiento y conformación urbana, poco podemos asegurar. Los vestigios existentes se reducen al primitivo reducto defensivo almohade, sobre cuyos cimientos o ruinas se levantó un posterior castillo cristiano, del que actualmente existen bastantes restos, aunque mal conservados y el aljibe de lo que fuera la fortaleza mora. Éste constituye el verdadero y más importante testimonio que deja más allá dudas su existencia con anterioridad a la época cristiana. De la lápida árabe, que se conserva en el museo arqueológico de Madrid, adjuntamos una fotografía en este artículo, ver Fig. 2. Fue encontrada en el Alto de Menga, en el sitio conocido a principios del siglo XX, como "Los Tejares", y en cuyos alrededores se haya actualmente el depósito regulador de las aguas potables. Si no fue descubierta por iniciativa personal de Román Pulido, si lo fue el dejar testimonio escrito de ello. No fue un espoliador, de todos sus hallazgos dio cuenta legal al patrimonio; lo que siempre ha habido, en cambio, ha sido un desinterés general, por parte de las instituciones legales, por su conservación. Se trata de una lápida funeraria, correspondiente a la sepultura de un hombre llamado Bu Haviya Ben Muhammad, según reza en la inscripción y está fechada en el año 328 de la Égira (938 d.n.e.). Por entonces ya era Córdoba la capital del Califato y era califa Abd-Eujman 11I (Abd-al- Rahman 111), según cuenta el propio Román Pulido en su testimonio escrito en varios números de la revista Don Lope de Sosa, fundada por el famoso cronista Cazabán. No deja de ser una prueba de que, en las proximidades del lugar en donde fue encontrada, existió un asentamiento estable, más pequeño o más grande. Salvo en forzosas circunstancias, en ninguna cultura, que yo sepa, se ha dado el caso de enterrar a sus muertos en lugares cualesquiera, en los que su memoria pudiese serfácilmente olvidada. El lugar en que fue encontrada y el diseño urbano de la parte más antigua de la población, aparte de otras referencias de las que hablaré más adelante, me sirven de base para estas hipótesis.El siguiente testimonio que aporta Román Pulido es el del descubrimiento de los restos de lo que pudo ser una mezquita en las proximidades de donde estuvo la antigua Casa de la Tercia. De este hecho no existen ni fotografías ni restos arquitectónicos ni alguna otra cosa que pueda ratificarlo; solo la palabra escrita de esta persona. Es absolutamente descartable el que pueda ponerse en duda esta palabra. Pero como quiera que Tomás Román Pulido no era ni historiador ni arqueólogo, sino médico de profesión, y sus conocimientos en estas materias eran de exclusivo origen autodidacta, se puede cuestionar el valor pericial de su dictamen. No es esto último probable, pues sabemos que el Sr. Román acostumbraba a asesorarse entre los más reconocidos entendidos profesionales de su época; su seriedad, que le creo un prestigio ampliamente reconocido, lo hubiera hecho incapaz de semejantes ligerezas. Tomar en consideración su opinión debe de ser lo más sensato y podemos dar por hecho la existencia de una mezquita en el primitivo núcleo de población. De ser así, no estaríamos ya hablando de un arrabal aislado sino de una aldea en toda regla, con su obligado lugar de oración, aunque dependiente políticamente, como es de suponer, de Hisn' Toraf. De admitir como ciertas estas hipótesis, el núcleo de población, se extendería, en aquella época, como mínimo, desde lo que hoyes la Plaza de la Tercia hasta la Fuente de Torrijo, espacio donde confluyen tres calles, las llamadas actualmente San Lorenzo, Repullete y Antón Pérez. Esto por la parte sur occidental, por la sur oriental hasta el extremo superior de la actual Calle de las Minas, comienzo de la Calzada del Cementerio. Entre mis hipótesis, figura la de que esta calle (las Minas) fuera la primera del pueblo. Veamos en qué la fundamento. Aunque minas no es un término de etimología árabe, si sabemos que estas gentes solían "minar" los suelos de sus principales poblaciones, para que sirvieran de cloacas y al mismo tiempo cumplieran una segunda función, la de pasadizos subterráneos para evacuación de sus habitantes en caso de peligros. El único desagüe natural de esta calle acaba en el arroyo de aguas fecales que hoy conocemos por Albollón. Pero la etimología de esta palabra es puramente árabe: Al Bullun y significa literalmente la cloaca. Es cierto que este término ha sido importado al castellano con ese mismo significado y pudo empezar a nombrarse así en cualquier otro momento. Pero si la población existía con anterioridad a la reconquista cristiana, ya tendría también su al bullun. Las otras calles de que hablo más arriba se irían incorporando más tarde a la estructura urbana, a medida que esta iba creciendo. Sus serpenteantes trazados es una evidencia más de su indudable origen islámico. Las sucesivas fases y aparición del primer núcleo de población, se pueden ver esquematizados en las figuras 3, 4 Y 5. El arroyo que acabase por ser lo que hoy conocemos por Albollón, casi con toda seguridad no existiría previamente. La conformación topográfica del terreno que puede verse en la figura 3, está basada en los mapas oficiales de la Junta de Andalucía, ligeramente modificado por mí de acuerdo con mis modestos conocimientos topográficos; son, de la misma forma, hipótesis que me parecen bastante verosímiles. Las diferencias con lo que fuera la realidad deben consistir fundamentalmente en la ausencia de los profundos socavones que pueden verse en la parte norte, debidos a más de diez siglos de erosión de las aguas residuales. El hipotético primer estado del terreno puede aproximarse al que corresponde a la figura 3. El primer albollón o Albollón de la Calle de las Minas, se produce por el efecto, anteriormente dicho, de único desagüe natural posible. Las calles Repullete y Antón Pérez también desaguan en este cauce. La segunda cloaca o Albollón de la Calle Alameda se debió de formar en etapas posteriores de crecimiento urbano. Como no es mi intención ocuparme, en este trabajo, de estas etapas posteriores, no volveré a hacer mención al mismo; he eliminado su cauce de los mapas Si no existió, por entonces, primitivo arroyo alguno que acabase siendo el Albollón, lo que si hubo de haber debió ser caminos. Todas las poblaciones se han empezado a edificar siempre levantando la primera de sus calles sobre un camino preexistente. La Calle de las Minas se originaría, con poca duda, edificando en ambos márgenes de uno de estos caminos, ver figura 4. Como quiera que el camino que hoy todavía se conserva y conocemos como Camino del Río es la natural continuación de la Calzada del Cementerio, continuación a su vez de esta calle, es prácticamente seguro que se tratase de un camino de toda la vida que acabó por ensancharse hasta convertirse en cañada real de la Mesta; una importante vía de enlace, para los ganados trashumantes,entre la Sierra Morena y los Montes Tugienses (Sierra de las Villas). Un segundo camino transversal pasaría por la actual Antón Pérez y debía de cruzarse con el primero, en el punto conocido como Las cuatro esquinas de la Soledad. La importancia urbana de esta encrucijada, como centro de actividad dentro de la población y punto de encuentro de transeúntes debió de ser circunstancia condicionante. Más tarde y debido a esta importancia, la procesión de la Soledad tuvo siempre una parada reglamentaria en el sitio. La natural continuación de este camino hacia oriente sería la actual Calle Carmen y hacia occidente, el Carril del Pocico. Otros caminos cercanos debieron tener menor importancia. La tercera referencia de Román Pulido, muy útil para unos apuntes históricos de esta comarca, puede resultar la menos creíble; habla de un pasadizo subterráneo que llegaba a comunicar Iznatoraf con Villacarrillo, extendiéndose hasta las proximidades de Santo Tomé (quizá La Caleruela, puede que tenga relación con el hecho de pertenecer a nuestro término). A pesar de que tiene visos de parecerse a una leyenda fantástica, a quienes hemos conocido otras épocas de la vida cotidiana villacarrillense, no nos resulta extraña; oímos hablar de ello a nuestros padres y abuelos. Y no sólo esto, conocimos, siendo niños un hueco subterráneo, medio tapado su acceso por malezas, cerca de donde hoy esta el Polideportivo Municipal, orientado en la vertiente que mira hacia Iznatoraf. Se trataba de la Mina de los Frailes, un colector de aguas potables para abastecer la Fuente de la Guijarra, que fue durante mucho tiempo aguadero público, pero habíamos oído decir a los viejos que también coincidía con este pasadizo. Medio derruido, los más atrevidos se adentraban por su interior, los más tímidos no traspasábamos las junqueras y zarzas que disimulaban su entrada. También es cierto que se decía que los refugios subterráneos antiaéreos, construidos durante la guerra civil de 1936, aprovechaban parcialmente los huecos de este pasadizo. No podremos comprobar jamás si existió realmente, pero en beneficio de la duda, tampoco será posible comprobar lo contrario. Fig.3-Hipotético plano topográfico del terreno que ocupa Villacarrillo, reconstruido a partir de los mapas oficiales |
|
|
|
Lo que si podemos hacer es analizar las circunstancias condicionantes de su posibilidad. El valor defensivo de una instalación semejante está fuera de dudas y no es sorprendente que existiera. Se tienen otras noticias de instalaciones defensivas de esta naturaleza. Eran frecuentes y nada raros entre las poblaciones islámicas. Constituían vías de evacuación de las ciudades, recursos para escapar de tantas emboscadas, traiciones y ataques por sorpresa. Su rentabilidad estratégica resulta incuestionable. La capacidad técnica para su construcción en aquellas épocas tampoco parece ser un obstáculo. Solamente parece exagerada su magnitud. Las posibilidades de que esta vía estratégica de evacuación fuese real han de estar avaladas por otra hipótesis fundamental, aquella por la cual Hin's Torafsería una plaza de mucho más valor político y militar del que le conceden los documentos escritos. Una costosa obra cívico-militar semejante no se lleva a cabo para servir a un núcleo urbano de escasa relevancia. Pero resulta mucho más creíble que tuviera realmente este alto valor estratégico y, para ello, sólo hemos de basamos en su emplazamiento geográfico. En el punto más elevado de la Loma de Úbeda, con unas condiciones defensivas que lo hacen casi inexpugnable y enlazado ópticamente con una extensión de muchos kilómetros a la redonda (se ve desde toda la campiña de La Loma y El Condado desde las sierras Morena, Cazorla, Segura y las Villas, y hasta desde algunos puntos de otras más distantes como Mágina). Es de todo punto increíble que no fuese utilizado como un importantísimo punto estratégico, superior, en este sentido, a Segura y Santisteban, que si son ampliamente mencionadas por fuentes documentales. Serviría de centinela de las importantes madinat Ubbadat al Arab (Úbeda) y Al Bayyasa (Baeza). No pudo ser el lugar tan olvidado por los propios escritores árabes. Esto si que es una realidad geográfico-histórica. |
|
Aunque no existiera el legendario pasadizo o, más creíblemente, fuera de mucha menos extensión, motivos defensivos no debieron de faltar para que lo hubiera. Dejémoslo en una posibilidad no descabellada. |
|
![]() Fig.5-Hipótesis del primer núcleo de la primitiva aldea que debió dar origen a la actual Villacarrillo |
|
|
Menos duda ofrecen las otras pruebas que manejo en este trabajo. Las consideraciones topográfico-urbanísticas me parecen bien fundadas. |
José Antonio Barberán González
|
|
Notas |
|
(1 ).- Lo que podriamos traducir por distrito o municipio en nuestra ordenación territorial. |
|
(2).- Equivaldría a lo que actualmente podemos llamar provincia |
|
(3).- El paso de fechas del calendario árabe al cristiano o viceversa no es siempre rigurosamente exacto debido, entre otras cosas, a que los árabes no contaban años solares sino lunares. La Égira o Hégira es la fecha de emigración del Profeta Mahoma y sus partidarios desde La Meca a Medina y coincide con el 20 de septiembre de 622. Setenta y ocho días antes, esto es, el 16 de julio de 622, se toma como punto de partida del calendario árabe. Para un cálculo aproximado pueden usarse las siguientes fórmulas: |
|
H G =H+622-33 |
|
Siendo H el año de la Hégira y G el año cristiano. |
|
(4).- Así como la yihad para los pueblos islámicos es "la guerra santa" de los creyentes contra los infieles cristianos, la fitna equivale a la revuelta intestina, la guerra civil. |
|
Biografía consultada : |
|
-Introducción al Jaén islámico. F. Javier Aguirre Sádava y Ma del Carmen Jiménez Mata. Instituto de Estudios Giennenses. 1979 |
|