LAS TROPAS CARLISTAS AL MANDO DE LOS GENERALES GÓMEZ, CABRERA Y QUILES ATRAVIESAN VILLACARRILLO EN 1836

 

      Creo conveniente facilitar algunos datos del origen y características de la guerra carlista antes de entrar de lleno en el acontecimiento que da título a este artículo.
      El 11 de diciembre de 1829 se celebra el cuarto matrimonio de Fernando VII con su sobrina carnal Mª Cristina de Nápoles. Los tres anteriores matrimonios del Rey no habían tenido descendencia.
      EI 10 de octubre de 1830 nace Ma Isabel, futura Isabel 11. En Marzo de ese mismo año, Fernando VII cambió la ley de sucesión, promulgando la Pragmática Sanción, que daba acceso al Trono a las mujeres, con lo que aseguraba el reinado a la criatura que estaba por nacer aún en el caso de que naciera hembra, como así fue.
      Esto iba en perjuicio del hermano del Rey, Don Carlos María Isidro, que se declaró abiertamente contrario a esta decisión Real.
      El 10 de junio de 1833 en el Monasterio de los Jerónimos se presta juramento a la Infanta Isabel como Princesa de Asturias, cuando aun no contaba tres años de edad, ante su padre Fernando VII.
      Pocos días después Don Carlos Maria Isidro es desterrado a Portugal tras negarse a prestar juramento a Isabel como Princesa de Asturias. La I Guerra Carlista que comenzó en 1832 con el levantamiento de Talavera, se extiende.
      EI 29 de septiembre de 1833 muere Fernando VII, asumiendo la Regencia Ma Cristina de Nápoles como Reina Gobernadora.
      Parece ser que Fernando VII se ablandó ante las protestas de su hermano y redactó, ya desde el lecho de muerte, la derogación de la Pragmática Sanción y entregó este documento a su Ministro de Gracia y Justicia, Don Tadeo Calomarde.
      El día que el Rey agonizaba llegó a palacio Doña Carlota de Nápoles, hermana de Ma. Cristina, y dirigiéndose de malos modos a Calomarde, le pidió el documento en el que se redactó la derogación, y cuando lo tuvo en sus manos lo rompió en mil pedazos. Ante las protestas de Don Tadeo, Carlota estampó una sonora bofetada en la mejilla del Ministro, que contestó a la airada dama: "Señora, manos blancas no ofenden". Frase que quedó para la posteridad.
      Hubiera sido igual que el documento se destruyera ó no, la guerra era inevitable, España, como tantas veces, estaba dividida, en esta ocasión entre carlistas e isabelinos, a estos últimos también se les llamó, entonces "cristinos", por ser la Princesa de Asturias de muy corta edad.
      El Ejército se divide, si bien es cierto que la mayoría de los mandos militares se quedan en el bando isabelino. Incluso el general Don Tomás Zumalacarregui en un principio fue defensor de la Princesa de Asturias, aunque termino pasándose a las filas de Don Carlos Maria Isidro, Carlos V para los carlistas.
      El callejero de Madrid está lleno de nombres de generales adictos a la causa de Isabel 11; Narváez, .
O'Donnell, Pardiñas, Diego León, Oraa, Espoz y Mina, etc. Llama la atención la estatua ecuestre de Espartero, famosa por los atributos masculinos del caballo que monta el General.
      Como anécdota diré que el monumento está colocado al final de la calle de Alcalá, paso obligado para acudir a la Plaza de Toros de Las Ventas. Con motivo del debut en España de un famoso torero mejicano, al pasar junto a la estatua preguntó quien era aquel señor. Espartero, le contestaron ¿También toreó a caballo? Exdamó el diestro. Sin duda confundió al General con el matador de toros sevillano que murió en Madrid corneado por el miureño "Perdigón" el 27 de mayo de 1894 y que utilizaba "Espartero" como apodo. Su nombre era Manuel García.
      Pronto el bando carlista se vio en la necesidad de dotar a sus tropas de mandos eficientes y no tuvo más remedio que ascender a los individuos que se distinguían por su arrojo y hasta por su crueldad con el enemigo. Quizá el caso más llamativo lo constituya el de Ramón Cabrera, ascendido de soldado a general en poco
tiempo.                              .
      Deteniéndonos minimamente en la crueldad de que ambos bandos hacían gala digamos que doña Maria Griñó, madre de Cabrera, fue fusilada por el bando isabelino, solo por el hecho de haber dado a luz a quien era apodado "El Tigre". En repres!3lia Cabrera fusiló a tres prisioneras entre ellas a la esposa del coronel isabelino Fontiveros.
      Tanto este como otros fusilamientos están juzgados en mi libro "La Arquilla del Ministro" por la pluma de don Antonio Benavides Fernández de Navarrete con el estilo directo que daba a todos sus escritos históricos.
      El entonces coronel de los isabelinos Diego León se enfrentó con sus tropas a las huestes carlistas del general Gómez en el pueblo de Villarrobledo (Albacete) y les infringió una gran derrota.

     Hay que decir que al general Gómez y bajo su mando le acompañaban los generales Cabrera y Quilez, y que estos últimos reprocharon a Gómez la derrota y le pidieron que los dejara actuar por su cuenta a lo que se negó Gómez, conminándolos a acatar su mando, lo que hicieron de mala gana.
       Dice ahora Bermejo:
     "Fue el caso que avenidos en apariencia, los enemistados caudillos de la expedición y dándose mutuas seguridades de no faltar a lo convenido, de común asentimiento resolvieron invadir las provincias andaluzas y desde Chiclana, amenazando a Jaén pasó Gómez a Villanueva del Arzobispo, Villacarrillo, Úbeda, Baeza y Bailén, desarmando a los nacionales de estas y otras poblaciones y sacando de todas partes recursos con que mantener, vestir y equipar a los soldados.
     Aumentó su Caballería en unos doscientos jinetes, reunió unas quinientas arrobas de balas y se elaboraron cien mil cartuchos, tuvo tiempo de abastecerse de vestuario, calzado y monturas".
     Algún pueblo opuso resistencia a este saqueo, es el caso de Almadén a cuyas autoridades conminó Gómez de la siguiente manera:
     "Es indispensable que para las diez de la noche tenga Vd. preparadas las raciones anotadas al margen, en la inteligencia de que de no verificarlo hago a Vd. responsable de todos cuantos perjuicios puedan originarse al benemérito Ejercito del Rey Nuestro Señor".
      El Alcalde contestó de este modo:
     "En Almadén no se dan raciones si no se conquistan con plomo". Este pueblo fue asaltado y saqueado por las tropas carlistas. Ignoramos que fue de tan valiente Alcalde.
     Detengámonos brevemente en analizar el espectáculo que ofrecería el paso de las tropas de "Carlos V", tanto por Villacarrillo como por otros pueblos que iban encontrándose por el camino, máxime cuando el propio Bermejo reconoce que tenían verdadera necesidad de incautarse de caballos, ropas y vituallas.
     Fijemos nuestra atención, primero en los caballos. Novecientos jinetes. La longitud de un caballo es 2,5 metros y otros tantos el espacio libre que debe quedar entre uno y otro y teniendo en cuenta que la formación para trayectos largos debe ser de a dos, la columna, solo de la Caballería, tendría una longitud de dos kilómetros y medio. Añadamos a esta la Infantería y los carros para munición, vituallas y demás pertrechos, y el espectáculo debió ser colosal.
     Nada digamos de la que se organizaría en los pueblos al paso si exigían, comida, ropas, caballos, etc. Como ya se ha dicho se hicieron, entre otras cosas, con quinientas arrobas de balas, cien mil cartuchos. y novecientos caballos. Quiero recalcar que esto lo dice Alfonso Bermejo en su "Estafeta de Palacio". La veracidad esta garantizada.
     Estos sucesos ocurrían en el año 1836. Cien años después volvió a liarse la gorda

D.Juan Soto Climent

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